De Añón de Moncayo al collado de Bellido
Primera incursión (en lo que a puyatas pasadas a limpio se refiere) por los alrededores del Moncayo. Se debuta a lo grande, con todo un fuera de categoría (“Hors Categorie”, que dicen en la cara norte del Pirineo).
Saliendo de Añón de Moncayo (concretamente del puente sobre el río Huecha cercano a la localidad, y a las cuevas del mismo nombre que el pueblo), llegaremos a coronar este puerto sobre los 1865 metros de altitud, en las mismas faldas del Moncayo. Subida de contrastes, tanto en paisajes como en pendientes.
Los primeros kilómetros de ascensión son los más fáciles en lo que a pendiente se refiere. Quitando algún pequeño repecho, vas a rodar muy fácil entre un bonito bosque de encinas. Encinas me parecieron a mí, pero lo mismo me equivoco. El mundo de la flora, y concretamente de los árboles, no lo termino de controlar del todo. Todo llegará.
De lo que si estoy seguro, es de la cantidad de mosquitos que hay en esta zona concreta y en esta época del año (final de verano). Para ser exactos, no lo sabía hasta que me cruce con dos señoras paseando prácticamente con trajes de apicultoras (igual estoy exagerando, pero la cabeza si la tenían tapada con un ‘gorro mosquitera’). Recuerdo pensar “¿dónde van estas así?, no será para tanto”. Te recomiendo pasar con gafas de sol puestas y la boca cerrada. Es curioso que al salir del bosque a cielo abierto y ganar altitud, mosquitos y moscas cojoneras desaparecen por completo (curioso me parecerá a mí, pero tendrá una explicación lógica seguramente).
La pendiente se empieza a poner seria, cuando aparecen ante ti las míticas ‘Peñas de Herrera’. No hace falta presentación, porque vas a saber cuáles son, aunque no las conozcas ni las hayas visto en tu vida. ¡Muy bonitas estas formaciones rocosas! También se les conoce como ‘Castillos de Herrera’, ya que en la distancia tienen la forma de fortificaciones medievales. Ahora viene la curiosidad (curioso antes que ciclista siempre). ¿Sabías que dos de estas cuatro peñas, realmente estuvieron coronadas por castillos? Yo no tenía ni idea, hasta que me habló de ello Antonio de @espaciobttmoncayosur. Si te apetece saber más, te lo va a contar él, mucho mejor que yo, pinchando aquí.
‘Cerro de las Pilas’, quédate con este nombre. Entre dos y tres kilómetros al 13% de pendiente media. Para coronar este tramo hay que romper a sudar, no queda otra. Algo de piedra suelta te va a complicar un poquito más el asunto, en esta zona denominada ‘parque de bolas’ (me van a pitar los oídos seguro) para los que disfrutamos sufriendo. Las vistas se van haciendo más tochas conforme vas ganando altura, que no todo va a ser ‘penar’.
Una vez ganado el cerro, vas a disfrutar de un ‘largo llaneo’ (repechos siempre hay, que no quiero quejas) por terreno abierto y pista en perfecto estado. Disfrutarás, si no te cruzas con ningún rebaño de ovejas y cabras (como me pasó en esta ocasión). Siempre que vayas por el monte y veas rebaño, pero no pastor, alerta de mastín. Si sólo hay uno, tira que te va, pero como salgan más pueden ser peligrosos. Nunca cruces un rebaño por el medio, si ves que te están ladrando estos perros. Suerte que tengo el ‘TD1 en recorte de mastines’ y pude continuar la marcha.
Otra curiosidad de la subida, es que pasas cerca de los nacimientos de los ríos Huecha e Isuela. La historia de este último es más curiosa si cabe. Si quieres saber porqué, te dejo un artículo que me mandó Antonio sobre el tema. Puedes leerlo pinchando aquí.
Dejando atrás las praderas de Horcajuelo, afrontas la última parte del puerto metiéndote de lleno en un bosque de pino negro. Aquí la pendiente vuelve a subir un poquico (sólo un poco), pero nada que ver con el ‘cerro de las Pilas’. Pasando el barranco de Morana y el refugio de Majada Baja, llegas a la cima de esta puyata. El collado de Bellido queda a un kilómetro de bajada por la otra vertiente, sitio al que te recomiendo llegar (o incluso bajar algo más), para disfrutar de las preciosas panorámicas que ofrece el entorno del Moncayo.
“Como el Moncayo sople, ¡verás que es soplar! Como el Moncayo sople verás un bajel navegar; surcando la tronada, su rumbo buscar…”






