De La Hermida al collado de San Carlos
Todo empezó con un “a ti que te gustan estas cosas, o eso creo, me consta que es la subida que más desnivel acumula de Cantabria”. ¿Qué no mola eso? La subida no era otra que el collado de San Carlos desde La Hermida, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa. Así de primeras ya suena bien. Cuando empecé a investigar en el mapa y me dibujé un track de la subida flipé. Tal como me contaban, prácticamente eran 2000 metros de desnivel en 20 kilómetros. Un auténtico parque de bolas.
Gracias Isra por la recomendación. La disfruté como cochino en charca. Si te mola andar en bici modo bikepacking, o simplemente si te mola andar en bici, CABAÑAS Y ESTACAS. Ya tardas en googlear esto.
Como decía antes, la subida empieza en La Hermida, localidad enclavada en el precioso desfiladero de mismo nombre que el pueblo. Me sonaba de algo el sitio y no acertaba a saber porqué. Se me encendió la bombilla al ver que estaba cerca de Unquera. Si hay algo que me gusta tanto como pedalear son las putas palmeras de chocolate (la cerveza anda al mismo nivel pero eso daría para otro texto), y aquí las hacen gigantes (también hacen ‘corbatas’ de chocolate, que en realidad es por lo que se le conoce al pueblo).
De lo bonito del puerto te voy a hablar todo el rato, pero de la pendiente no tanto, porque prácticamente es alta todo el rato, no hay más. Para no mentir, puede variar de alta a muy alta, en ese baremo te vas a mover. Muy constante todo el rato, eso sí. Sin ‘grandes repechos’ (aquí me van a pitar los oídos seguro) dentro de la dificultad que tienen esos niveles de pendiente. A favor de tu salud, te diré que tienes tres descansos marcados, incluyendo hasta un pequeño tramo de descenso.
Se puede dividir el puerto en tres tramos muy marcados, si te fijas en el tipo de terreno por el que vas a rodar.
Un primer tramo de asfalto, que te acerca al precioso pueblo de Bejes, al que llegas ya con una sudada considerable. Si te mola el queso, aquí puedes hacerte con una cuña (o las que quieras) de queso Picón. Oro puro, la verdad.
Dentro de la sección de cosas que no le importan a nadie, ¿te he contado yo a ti, que tengo una Vuelta a España en mi currículo?, (imagínate esta pregunta con la voz de Raúl Cimas). Resulta que en el 2023 trabajé para la Vuelta, haciendo el montaje de los puntos kilométricos en cada etapa de la carrera. Concretamente, montábamos los puntos cuatro, tres y dos a meta. Me lo pasé de lujo (y no pasaron cosas ni nada), pero de eso me di cuenta después, porque el trabajo fue duro de cojones. El caso, y para no aburrirte con mis mierdas, es que una de las etapas terminaba en Bejes y lo mismo me sonaba de eso La Hermida. Unquera y sus palmeras las descubrí justo después.
El segundo tramo (volviendo a lo que estamos) es de hormigón. Precioso, no se puede describir de otra manera. Todo lo que te cuente no le va a hacer justicia, ni siquiera las fotos. Da para subir en bicicleta de carretera y si quieres investigar un poco, te recomiendo echarle un ojo a la altimetría del ‘Salto de la Cabra’, en altimetrías.net. ¿Cuántos puertos habrás descubierto gracias a esta gente? ¡Mis respetos para ell@s!
Coronado esto, te queda un último tramo de tierra (que prácticamente es la mitad de la subida mirando la distancia) para conquistar la ‘saltadera’.
Después de uno de los merecidos descansos que te hablaba antes, y cuando piensas que ya nada te puede sorprender más en lo que a paisaje se refiere, aparece una zona chulísima de bosque de la nada (por lo menos yo no me la esperaba) y le da un punto más de belleza si cabe a la subida. De verdad que subí como el Joker, con la sonrisa en la cara todo el rato.
Otra cosa que mola, es que te vas a ir encontrando fuentes durante todo el recorrido. La última de ellas es la fuente de la Escalera, en pleno corazón ya de los Picos de Europa (ese paisaje de piedra y verde es otro nivel) y a poco más de un kilómetro de la cima. Venía yo preguntándome (“agradecido” por ello que diría el Rosendo) que a quien cojones se le habría ocurrido hacer una pista hasta allí arriba, hacia ‘ningún sitio’ (que se me entienda). Pues en la misma fuente había un grupo de montañeros y montañeras asturian@s para sacarme de dudas. Que ratico más majo echamos. Rondarían los 60/70 años y me hicieron sentir viejo a mí que tengo 37, por la vitalidad que tenían. Me contaron que todos los caminos que veía por la zona, eran mineros. Duro oficio tan extendido por estas montañas.
Resuelta la duda, prácticamente hice cima con ellos, ya que el último kilómetro está muy roto y hay que bajarse un par de veces de la bici. Pequeño porteo sin importancia. Aprendí muchas cosas de lo que me iban contando e incluso se estableció una conexión con el Pirineo por un familiar de uno de ellos. Una de las montañeras, mezclaba el castellano con palabras en asturiano, cosa que me pareció preciosa. No creo que lleguen a leer esto pero por si acaso, ¡ojalá no se os acaben nunca las montañas que subir!
Si las vistas durante la subida son auténtica crema todo el rato, la cima está al nivel. ¡Brutal! Me atrevo a decir que en conjunto, es el mejor puerto que he pedaleado hasta la fecha. Bajé con la misma sonrisa del Joker con la que había subido.









