De Piedrafita de Jaca a La Partacua
Un clasicazo. La subida a lo alto de la pista de La Partacua por Piedrafita, con el añadido guapo de la carretera vieja que llegaba al pueblo (auténtica maravilla), que va a hacer la subida más bonita y algo más dura. La de veces que habré subido por aquí y las que seguiré subiendo.
El comienzo del puerto está pasado el kilómetro 7 de la A-136 (que viene a ser el puerto del Portalet). Ahí está el desvío de la antigua carretera de Piedrafita, donde vas a empezar a ganar metros. Es una carretera (o era) sin mantenimiento, que tiene un poco de todo. Zonas asfaltadas, zonas sin asfaltar, zonas de tierra, alguna piedra y algún agujero, pero en general se sube bien hasta con “un hierro sin domar” (que manera de hilar las cosas).
En poco menos de 2 kilómetros llegas al pueblo, y coges la carretera (por así llamarla, porque es como un queso gruyere) que llega al parque faunístico de Lacuniacha, donde está la zona más dura de la subida, unos 500 metros al 12,5% de media, y algún pico más alto de pendiente.
Es aquí, pasados los cuatro primeros kilómetros de ascensión, donde te vas a encontrar con el ‘Laberinto de los Pirineos’. ¿Y qué narices es esto? Pues un laberinto natural formado por 4000 cipreses en 5000 metros cuadrados de terreno. Tu único objetivo al entrar, es conseguir salir, así de ‘fácil’. No hay pistas, y verás que todos los caminos son iguales, así que suerte con la historia si te decides a probar. La bici te la guardamos, y tienes la mejor terraza del valle para echarte una birra o lo que te apetezca. Si te mola la cerveza artesana, puedes darle a cualquiera de las ‘Tensina’, elaboradas a pocos kilómetros del laberinto, en el pueblo de Tramacastilla de Tena. Lo mismo por alguna casualidad terminan leyendo el texto, y me llega alguna caja a casa. Por intentar que no sea.
Dejando atrás el laberinto, empiezas a ascender por pista forestal de tierra, dejando a la derecha el bosque del Betato (muy bonito para perderte pateando). Estás en terreno de recolectores. Fresas silvestres, moras, frambuesas, setas y hongos aparecen según temporada. Igual que las marmotas (estas no se recolectan, a no ser que seas ‘rabosa’), pero para eso hay que seguir pedaleando, que les gusta vivir más arriba.
Pasados los siete kilómetros de ascensión, está el desvío que te lleva al ibón de Piedrafita. Si tienes tiempo acércate a verlo y si no tienes, acércate también porque merece la pena. En los meses fuertes de verano, eso sí, es una zona muy turística y puede que la tengas algo masificada (“para mal o para bien” que decía el Rosendo). Fuera de estas fechas, y si eres de la clase de persona que disfruta dónde hay más cabras que gente, es una auténtica maravilla.
Pasando el ibón (palabra aragonesa que viene a decir ‘lago de alta montaña de origen glaciar’), la pendiente es mucho más suave. Sin casi enterarte, y disfrutando de las vistas que son totalmente abiertas, llegas a la zona del Goluso, donde está la cima. ¡Zona disfrutona mires a donde mires! Aquí ya es más fácil que en verano veas marmotas, además de vacas, caballos, burros e incluso yaks pastando. Si levantas la vista, será fácil que también veas cualquier tipo de ave sobrevolando la zona.











