Del río Ara a la Cortada de Yeba
En la mítica carretera N-260, entre los despoblados (que no abandonados) de Lavelilla y Lacort (que temazo esa ‘Habanera triste’ de la Ronda de Boltaña), sale la pista asfaltada que llega hasta el pueblo de Yeba (te darás cuenta lo que me mola meter paréntesis en los textos). Aquí empieza la subida.
Puerto perfecto para hacer con cualquier tipo de bicicleta. Tráfico inexistente y suelo de asfalto algo gravillero pero en buenas condiciones generales (salvando algún pequeño tramo más estropeado).
Personalmente (que he venido para hablar de mi libro) me encontré con esta puyata de pura ‘casualidad’. Entrecomillo ‘casualidad’ porque si eres curioso y te mola investigar, siempre acabas encontrando cosas. “Siempre hay una historia que contar” que cantaba Rosendo. El caso es que camino de Boltaña, me fijé en un cartel que ponía ‘Yeba – 15 km’ al pie de una pista de asfalto que parecía una alfombra comparado con los terrenos que venía de rodar.
Recuerdo ir ganando metros, pensando que esa sensación de disfrutar sufriendo en un puerto de montaña se acabaría en algún momento. Bien porque el terreno se estropearía, o bien porque dejaría de subir más pronto que tarde y mi gozo se quedaría en un apañado pero corto repecho.
Ninguna de las dos. Me dio la sensación (o lo mismo lo miré y la chapa que te voy a dar más adelante pierde su magia) de que había pedaleado más de diez kilómetros de subida que me parecieron tener suficiente entidad como para haber coronado un primera categoría. Mirando aquel mítico Garmin E-Trex 30 una vez en casa, confirmé mis sospechas. 10,4 km al 6,5% de pendiente media.
Y lo mismo ahora estarás pensando, “¿por qué coño esperó a mirarlo en casa si tenía el Garmin a mano grabando? Pues porque soy raro de cojones y a veces me molaba ir con el Garmin grabando en la mochila (lo ponía en la rejilla externa trasera porque pensaba que grabaría mejor al haber menos interferencias de tela, que aparte de raro también soy friki), y así no dejarme influir mirando una pantalla. No sé porque dejé de hacer aquello…
Hablando un poco del puerto, vas ganando altura entre los barrancos de la Espuña, buscando la poca sombra de los pinos que rodean el camino. Es un terreno de media montaña, tirando a abierto, donde en verano el sol pica bastante. Pasas los desvíos de Villamana (donde te puedes encontrar una carrasca catalogada como árbol singular de Aragón), San Martín de la Solana y San Felices de Ara, el poblado de Campol y llegas a la Cortada de Yeba, que es la cima del puerto.
¡Qué bonita la cima! Aquí entendí el porqué del nombre de ‘Cortada de Yeba’. La mayoría de las veces se utiliza la lógica para nombrar a las cosas. Una abertura en la roca con un precioso cartel de peligro pendiente al 10%, que es la entrada a la sierra de Bolave, entre peña Acuta y punta Femalla. El pueblo de Yeba, que pertenece al municipio de Fanlo, queda unos tres kilómetros y medio más adelante, en una picante bajada.
Altimetría dedicada al gran @poltret_team, uno de los ‘probadores oficiales de rutas’ de Puyatas Maestras, por la de veces que te habré hecho sufrir.








