De Loarre a la punta d’a Tallada
Al castillo de Loarre es fácil que hayas subido queriendo o sin querer. Si no es bici, pateando, en coche, o en autobús. Es un sitio mítico. Según escribo (o según pienso lo que voy a escribir), me viene a la cabeza la primera vez que llegue aquí (queriendo). Si no recuerdo mal (cosa que no sería difícil) fue el primer viaje de más de un día que hice con alforjas en mi vida. Lo mismo allí estrene el Garmin E-Trex 30 que llevé durante más de quince años. La parte alta estaba nevada, cosa que entonces, ni me había planteado que pudiera pasar antes de salir de casa. Muy curioso esto, viendo donde he terminado años después.
Al castillo volví más veces, con y sin bici, y no se me había ocurrido nunca seguir subiendo hasta hace poco. Pase una temporada subiendo a Huesca (Huesqueta kio) todas las semanas. Muchos días, tenía algo de tiempo libre (hacía por tener) por la zona y una bici en el maletero (la metía yo). Tirando de mapa y buscando subidas cercanas, descubrí los caminos del ‘Reino de los Mallos’. Me llevé una sorpresa al darme cuenta, que había una pista que seguía ganando metros, pasado el castillo de Loarre. La tenía que registrar.
La subida al castillo de Loarre (la de veces que lo estoy nombrando) es fácil describirla. Corta y dura. Asfalto perfecto, donde los picos altos de pendiente hacen que la bici se agarre de narices. Qué bonito sería terminar aquí una etapa de la Vuelta a España. Información sobre este lugar tienes a patadas a nada que te de por buscar en Google, así que no te voy a contar ninguna película (que manera de hilar las cosas), y te dejo que investigues tú (si te apetece, claro).
La historia que mola aquí (en lo que al puerto se refiere), viene cuando empiezas a pisar tierra. Te vas a encontrar pedaleando en una bonita y cuidada pista, muy chula, ganando metros entre tramos cerrados de pino y un gran claro de bosque con restos de un ‘asfalto’ viejo y trillado, que vete a saber tú porqué razón se echaría allí en su día. Como mola cuando ves algo que te rompe los esquemas, porque te da la sensación de que no debería de estar allí. Hace que le empieces a dar vueltas a la cabeza. Pensar, y sobre todo imaginar, son formas muy chulas de pasar el rato ‘Contigo mismo’ (ya tienes la canción del texto).
También me dio que pensar, los palos reflectantes de límite de vía que había a los lados del camino. En carreteras de montaña, los he visto miles de veces, pero en pistas de tierra nunca (creo, que luego será que sí y no me acuerdo). Sirven de referencia para no salirte de la trazada en caso de nieve, además de guía para el quitanieves. Me dio que pensar, y pensé. Tenía que ser un camino bastante transitado por algún motivo que desconocía porque si no, esos palos no estarían.
Pues lo es por dos cosas (y así te resuelvo el misterio, que lo mismo no te puedes ir a dormir sin saberlo). Un repetidor bastante grande cerca de la cima, y una caseta de vigilancia en la misma. La caseta estaba guardada, y eche un ratico bien majo charrando con el guarda. Estoy seguro que me contó cosas interesantes porque guardo buen recuerdo, pero las he olvidado. Lástima no tener grabadas todas estas ‘conversaciones de monte’. Lo mismo me salía un libro de esos a lo ‘Enrique Satué’ (salvando muchísimo las distancias).
Bonús track: durante la subida, tienes desvíos por pista a los refugios de Santa Marina y de la Fuenfría. Acércate y disfrútalos (también respétalos y cuídalos, aunque esto no hacía falta decirlo) porque están reacondicionados por la gente de REFUGIOS LIBRES DIGNOS.





