De Monegrillo a Torre Ventosa
Hace mucho tiempo que me ronda por la cabeza crear una ruta integral a la sierra de Alcubierre (metiendo también la sierra de Sena). La historia es, que quiero que sea un recorrido ‘extremo’ (que se me entienda) en cuanto al desnivel. Coger todas las subidas posibles a la sierra, pero con una coherencia de diseño circular que no te haga dar rodeos innecesarios o varios pasos por el mismo lugar. No termino de dar con el dibujo correcto (más que correcto, no doy con el dibujo que me mole a mi). Lo que si voy encontrando, son subidas interesantes dentro de la zona. Así viene esta puyata a Torre Ventosa.
Monegrillo siempre me recuerda a fútbol sala. Cuando de pequeño empezaba a dar patadas a un balón, era un pueblo al que teníamos que ir a ‘darnos de hostias’. Entonces todos (o casi todos) veíamos clarísimo que terminaríamos jugando en grandes campos del fútbol profesional. “Por calidad no será”, pensábamos. Hoy en día, sigo siendo igual de inocente para según qué cosas. Curioso que con el tiempo, ni le de patadas a un balón, ni casi me apetezca ver cómo se las dan otros.
Después de este párrafo que se podría meter dentro de la sección de ‘cosas que no le importan a nadie’, vamos con el puerto.
Fui a registrar la subida sin tener ni idea de lo que me podía encontrar. Para no mentir, si sabía (más o menos) porque la zona la conozco y el ‘paisaje monegrino’ lo tengo interiorizado. Además, suelo investigar todo en el mapa antes de empezar a dar pedales, así que los kilómetros y el desnivel a superar me los había estudiado. Aún con todo, alguna sorpresica ya aparecería.
Sales del pueblo hacia el noreste (“que volvemos a casa, al duro y seco noreste…”) buscando la sierra. Me flipan los ‘radares astronómicos’ blancos como la nieve, que se ven en este principio del camino. Hablando sin tener ni idea, parecen estar en desuso. El contraste que le dan a la estepa me parece muy bonito.
El terreno está en perfecto estado en todo momento. “¿Cómo lo ves para la bici de gravel?”. Ojito si echara dos euros a un bote cada vez que me hacen esta pregunta. Pues gravel 100%, darle caña. Va apareciendo alguna que otra sabina (alguna de ellas milenaria) y bastantes más pinos conforme vas avanzando.
Hablaba antes de ‘sorpresicas’, pues aquí viene la primera. Pasados los tres kilómetros y medio de ascensión, te viene un tramo de pendientes que llegan al 17%. Auténtico parque de bolas. Aquí los metros de altitud se ganan muy rápido y las vistas sobre el valle del Ebro empiezan a ser oro molido. Para en el mirador de la Estiva y verás que es verdad lo que te cuento.
Pensando en si además de ovejas y cabras (que estamos en zona de tradición ganadera) por este camino llegaría a pasar el mítico ‘Bandido Cucaracha’ (este personaje da para un libro, y de hecho lo tiene, de José Antonio Adell y Celedonio García, te lo recomiendo), llegas al mirador de la Gabardera. La segunda sorpresa está un poco más arriba, el refugio del mismo nombre. Como molaría un lavado de cara de la gente de REFUGIOS LIBRES DIGNOS (guiño, guiño).
Metido ya en lo alto de la sierra y tras algún que otro repechico, llegas a lo alto de Torre Ventosa. Las opciones de ruta desde aquí son unas cuantas. A ver si consigo dar con la correcta.
Bonus track: Hablar de Monegrillo y no decir nada del jamón tiene tela. Pues lo digo dos veces, ‘Jamón, jamón’.






