De Calcena a Peña el Águila
Subida a Peña el Águila desde el pueblo de Calcena. Recorrido íntegramente diseñado por Antonio de @espaciobttmoncayosur, que bien se conoce estos lugares. Me llego un Whatsapp que decía algo así como “tengo una subida para ti” (ojo que nombre para un programa de tv, ahí lo dejo), y con eso tengo suficiente para cargar la bici al coche e ir a dar pedales.
Soy muy friki (en todos los sentidos) y suelo estudiarme mucho el mapa antes de subirme a la bicicleta, sobre todo si quiero registrar una subida. Me mola mucho ver el dibujo que puede hacer el camino en cuestión y como de cerca están las curvas de nivel (con eso te haces una idea de dónde vas a sufrir más). Es algo que no me voy a cansar de recomendar. ¡Los mapas molan! Investígalos, hazte esquemas mentales, dales todas las vueltas que quieras, pero no dejes de mirar un mapa.
Resulta que en el puerto que estamos, no miré absolutamente nada y lo único que hice fue meter un track al gps y p’adelante. Toda la chapa que te acabo de dar antes, para contradecirme justo después. La historia es, que cuando el que te manda el track es alguien que se conoce la zona como la palma de su mano, también mola fiarse de sus consejos e ir ‘a ciegas’ a ver que te encuentras.
Después de todo esto, que bien podría meterse dentro de la sección de ‘cosas que no le importan a nadie’, vamos con el puerto.
La subida, como decía al principio, sale del mismo pueblo de Calcena. Lo primero que se me vino a la cabeza al escuchar el nombre, fue la mítica ‘Calcenada’. Los algo más de 100 kilómetros que daban la vuelta al Moncayo y se podían hacer a pata, en bici, o a caballo. Recuerdo hacerla por lo menos dos veces (y lo mismo hace 15 años), una el día de la prueba y otra fuera de ella. El ambiente que se generaba era muy chulo, no lo recuerdo para nada competitivo. Algo haremos alrededor de todo esto, pero será más adelante y dará para otro artículo.
Los primeros kilómetros son de asfalto, cogiendo parte de la subida al puerto de la Crucija (paso que une Calcena con Oseja). Atravesando el barranco de la Ojosa, pasas por las conocidas como Peñas de Cabo, donde tienes unas cuantas vías de escalada, además de una vía ferrata y un puente tibetano. Por cosas que hacer no será. Dejando atrás el asfalto, pasas a pisar tierra en lo que va a ser un puerto totalmente betetero (no te recomiendo pasar por aquí en bicicleta de gravel).
Terreno muy salvaje, en el que vas a pasar por todas las capas que te puedes encontrar durante una subida. Zonas de piedra suelta, otras de mucha laja, algunas otras donde el cardo crece a sus anchas, y también tramos en perfecto estado de conservación. Si miramos la historia por su pendiente, no se va a quedar atrás. Te vas a encontrar repechos, repechos muy duros que lo mismo te hacen echar mínimamente el pie a tierra, otras zonas más constantes, tanto de pendiente moderada como alta, descansillos, e incluso ‘largas’ bajadas. Lo tienes todo, incluso en las vistas, donde vas a pasar de zonas abiertas a otras de bosque cerrado. En uno de los collados por los que se pasa, me llamó la atención la activa tala de madera que se estaba realizando, donde orugas y camiones trabajaban en cortar y ordenar troncos. Había unos cuantos ya apilaos en montones gigantes, y durante algunos segundos se me pasó por la cabeza la idea de parar, apoyar la bici, y sacar la clásica foto ciclista con fondo de madera. Menos mal que a veces pienso las cosas, y no termino haciendo el gilipollas (por aquello del postureo).
Y hablando de bosques (ojo a la manera de hilar las cosas), es donde te puedo contar algo acerca de los carboneros de la zona (concretamente del Isuela, que es el río que has tenido que atravesar nada más salir de Calcena). En realidad, lo único que voy a hacer es colgar unas fotos con toda la información que me pasó Antonio, porque me parecen unos documentos muy chulos para entender la realidad del oficio, y lo que ello conlleva en el cambio del paisaje y la vida del entorno. Son artículos rescatados de la revista ‘El eco del Isuela’.
Lo que veas en la cima de Peña el Águila, ya me lo cuentas tú, que tanto Antonio como yo ya te hemos contado unas cuantas cosas, y algo tendrás que hacer a parte de dar pedales.









