De Eriste a la cascada de Espigantosa
Subida a la cascada de Espigantosa desde Eriste, por pista forestal que combina toda clase de suelos, intercambiando el asfalto por la tierra, el cemento y/o el hormigón. Hay veces que no se diferenciar una cosa de la otra, pero vas a tocar toda clase de palos.
Es una ruta utilizada por un autobús turístico en los meses de verano, lo que hace (he de suponer) que la pista tenga un mantenimiento periódico. En la gráfica, he intentado reflejar los diferentes cambios del terreno, pero puede ser que con el paso del tiempo, lo que un su día era tierra, pasé a ser otra cosa o viceversa. Lo que sí me pareció (luego me pitarán los oídos), es apta para una bicicleta de gravel, aunque ya te digo yo que tienes que llevar desarrollo si no quieres subir a base de chepazos.
El puerto asciende a contracorriente del río Eriste, por su margen izquierda. Después de unas cuantas curvas de herradura (me ha parecido contar ocho de ellas repasando el mapa), llegas al mirador de Eriste (aquí parece que todo se llama igual). Buen punto para parar tranquilamente a mirar lo ascendido, con unas vistas bastante majas al embalse de Eriste (lo que te decía yo…), también llamado embalse de Linsoles.
Zona prolongada de bajada antes de atacar el último tramo de la subida, donde te va tocar pretar el culo y romper a sudar (una cosa siempre va unida a la otra). Tienes un kilómetro entero al 14% de media, y picos de pendiente que rozan el 20%. El cemento/hormigón del que te hablaba antes, ayuda a que no patine la rueda trasera, aunque lo mismo se te levanta sin querer la delantera (sigo hablando de ruedas, no asustarse y perdón por el ‘chiste’ de cuñao).
Pasado el parking de la cascada, termina la pista y el puerto en si (por lo menos su zona ciclable), rozando los 1550 metros de altitud. Se puede continuar por pista y pateando hasta el mítico refugio de montaña guardado de Ángel Orús, y de ahí alcanzar algunas de las cimas pirenaicas cercanas, pero eso ya te dejo que lo investigues tú.
Estoy escribiendo este texto, tres años después de haber subido el puerto. Aunque prefiero hacerlo al poco de haber pedaleado (por aquello de recordar mejor las referencias o curiosidades de la historia), me parece que tiene su punto eso de dejar pasar el tiempo. Hace que trabajes la memoria (las fotos ayudan bastante) y te vengan a la cabeza cosas que habías olvidado o no recordabas como eran. En este caso me sorprendió lo friki que puedo llegar a ser, al ver como marqué en su día en una gráfica en sucio, los diferentes tipos de suelo que tenía la subida. Lo que si recordaba, era subir hasta aquí con el gran Javi, gregario de lujo además de escritor (tengo pendiente aquel libro de ‘El Tulpa’, que creo que ya debe de tener hasta segunda parte).





