De Alins al port de Cabús
Subida al port de Cabús por su vertiente oeste, la que sale de la Vall Ferrera (concretamente del pueblo de Alins) para superar los 2300 metros de altitud en la frontera con Andorra. Es un puerto de paso literal, ya que en la cima no hay ‘absolutamente nada’ (con esto quiero decir nada reseñable fuera de lo normal, poder llegar tan alto pedaleando en el Pirineo ya es un lujo), tan sólo el cambio de la tierra catalana por el asfalto andorrano. Supongo que se asfaltaría su vertiente este con el objetivo de tener un paso fronterizo alternativo por carretera, que nunca se llegó a materializar (pero aquí ya estoy suponiendo, el motivo real no lo sé).
Lo que si tiene esta puyata/pujada es mucha historia, ya que el camino atraviesa el pueblo de Tor. Si eres curioso y no te suena de nada, puedes buscar información sobre el tema. Tienes una serie documental sobre lo que allí pasó, y un libro (que yo sepa). Tengo pendientes las dos cosas, así que poco te puedo contar, más allá de lo que te pueda salir en ‘Google’.

La primera parte del puerto (más o menos la mitad del recorrido) es de asfalto, cemento y/o hormigón. No me termino de aclarar con esto de los suelos, pero te quiero intentar explicar que es apto para una bici de carretera. Carretera encañonada y preciosa, que va remontando el curso del río Noguera de Tor, cruzándolo unas cuantas veces. Intenté numerar los puentes que hay mientras subía, pero me despisto muy fácil y perdí la cuenta. Mirando los mapas, son siete las veces que tienes que cruzar el río (ocho si cuentas el del mismo pueblo).
Pisando tierra y dejando atrás el pueblo, es donde te vienen los repechos más duros. El valle se empieza a abrir y las vistas te van a ir empujando en el esfuerzo. Lo que no te empuja son las piedras que hay que ir esquivando por el camino. Aquí los metros hay que ganárselos, en un terreno que no aconsejaría pasar en bicicleta de gravel. Supongo que el final de un verano seco, y el paso continuo de motos y coches, no ayudan al mantenimiento del terreno. Es algo común en el Pirineo en general, encontrar una variación bastante tocha del estado de los caminos y pistas forestales. Tan pronto están perfectas, como hechas mierda (así es el monte). También es común, que estos ‘caminos principales’ (por así llamarlos) tengan un mantenimiento periódico, así que a pedalear todo el mundo, que el sitio en el que estamos bien lo merece y lo mismo tienes la suerte de encontrarte una alfombra si aciertas con el día o la época.
Atravesando fácilmente el río de la Rabbasa (esta vez sin puente, así que supongo que habrá que tener precaución cuando baje crecido), dejas atrás el valle para comenzar a ‘escalar’ la montaña en un último tramo con alguna que otra curva de herradura. Vistas guapas y muy aéreas conforme vas ganando metros. Vi mucho ganado pastando, pero ningún perro vigilando al acecho (información importante para los ciclistas). Para no mentir, un par de mastines al pasar por Tor, pero estaban detrás de una valla con el río de por medio (por si acaso cuando pases están al otro lado, no digas que no aviso).
Por cierto, poco o nada sabía yo de esta subida hasta que me la recomendaron Olga y Sergi. Asi que “Agradecido” que diría el maestro Rosendo (va a sacar una autobiografía dentro de nada, pero eso ya es otra historia). Volveré por la zona porque me quedaron muchas otras cosas (subidas) pendientes, incluyendo las vertientes del Coll del Triador (que bonito), del que realmente sí que subí una de ellas (la bonita y dura puyata que serpentea por la Vall Fosca, territorio Pedals de Foc) pero me falló el gps y no se me grabaron bien las alturas. Buena excusa para volver por estos lares.




